Mujeres escritoras en la defensa de los derechos humanos

Jimena Aguirre de la Torre

Durante siglos las mujeres han sido silenciadas e invisibilizadas. Para publicar, fueron muchas las que tuvieron que adquirir un pseudónimo masculino o adoptar el nombre de su esposo sin recibir ningún tipo de crédito hasta que con los años se reconoció que la obra era de su autoría. No es de extrañarse que actualmente todavía exista una mirada sexista a la obra de escritoras, a que se atribuya su talento a la mercadotecnia, o que haya contenidos hablando sobre mujeres, pero escritos por hombres.

Durante la Bienal de Novela Mario Vargas Llosa en 2019, hubo alrededor de 100 firmantes que criticaban la escasa presencia femenina dentro de la programación. Frente a ello, el director de la Cátedra Mario Vargas Llosa, J.J. Armas Marcelo, aseguró que se invitaron a una serie de escritoras que rechazaron la invitación, a lo que no iban a responder trayendo a otras mujeres si “no se llega a la calidad”.

Es cierto que en el mundo literario se afirma que la literatura no tendría por qué hacer una distinción entre “libros escritos por mujeres” y “libros escritos por hombres”: literatura es literatura. Sin embargo, si se hace un recuento de todas las veces en donde las mujeres no han estado en la misma condición de oportunidades que los hombres, las veces donde el mismo hecho de ser mujer es una limitante para escribir, para verse publicada, entonces ¿se podría decir que la literatura entre hombres y mujeres es la misma, cuando en realidad es clara la falta de igualdad entre ambos?

No se invita a escritoras porque “no se llega a la calidad”. Si viviéramos en un mundo donde la calidad se determinara no en función del sexo, sino más bien de capacidades, entonces podríamos decir que sí, que si no hay escritoras es porque no hay calidad; sin embargo, sabemos que hoy y desde hace siglos, lo que se considera “calidad” ha sido determinada por una mirada masculina.

Pienso que es importante que sí haya una distinción entre literatura de hombres y mujeres, en principio, para saber cuántos hombres y cuántas mujeres publican, pero sobre todo, para detectar los temas de los que están hablando.

Hoy en día son las mujeres las que han acercado a su mirada a contenidos que antes no eran tan tratados, pongamos como ejemplo a Brenda Navarro con su libro Casas Vacías, una novela en la que se pone sobre la mesa el tema de la maternidad y de los desaparecidos; o veamos Distancia de Rescate de Samanta Schweblin, con una crítica a Monsanto; a Verónica Gerber con La Compañía, a Maricela Guerrero con El sueño de toda célula, a Lydia Cacho, Fernanda Melchor, María Fernanda Ampuero, Mónica Ojeda, Paulina Flores, Guadalupe Nettel, Mariana Enríquez, Valeria Luiselli y toda una serie de escritoras que podrían llenar una lista con miles de páginas, refutando la afirmación de que no hay calidad.

Y no es que unas sean mejores que otros, sino que la mirada con la que escriben es distinta, porque vivimos y experimentamos violencias diferentes. Háblenme de calidad cuando ésta deje de ser vista lejos de los paradigmas patriarcales, mientras, yo leeré a mujeres.

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