Por Jimena Aguirre de la Torre
Algunas veces la literatura puede llegar a percibirse como pretenciosa, o incluso inalcanzable. Sin embargo, proyectos como Dime Poesía y Fondo a la Derecha han intentado romper con ese paradigma, mostrar que todos tienen algo que decir, pero sobre todo, que la literatura está en la calle.
Dime Poesía es un colectivo literario con 11 años y medio de trayectoria. Cada último jueves de mes, en las instalaciones del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO), el público toma el micrófono y comparte sus creaciones literarias.
“Es un espacio para verte reflejado en el otro”, así lo describe Lupita Lira, coordinadora del Programa de Literatura del Centro de Promoción Cultural en ITESO, quien asegura que el proyecto ha procurado utilizar la palabra para mostrar la realidad en la que se vive: “Dime Poesía es un espacio privilegiado para que te puedas expresar, te sientas escuchado, reflejado en el otro. Es un espacio que te acoge”.
Con casi doce años, este colectivo se ha encontrado con poemas, cuentos, ensayos, rap, sátiras y toda una serie de manifestaciones artísticas que han ido más allá de la palabra. Con cinco minutos para que cada persona pueda pasar a compartir, la retroalimentación del público, y con algunas visitas de invitados especiales, cada sesión se convierte en un espacio seguro para la denuncia social, la construcción de comunidad y la libertad de expresión.
Yesenia Chapula, estudiante de sexto semestre de la licenciatura en Gestión Cultural, ha sido una asistente recurrente del proyecto desde su primer semestre. Hoy, ella es una de las voluntarias que hacen que este espacio sea posible. En diciembre de 2018, fue seleccionada para publicar en la antología Fabulaciones, imaginería y libertad, un libro de Dime Poesía, editado junto con la editorial Paraíso Perdido, el cual recupera las voces de algunos de sus participantes de la última década.
“Que existan proyectos como Dime Poesía te hace, primeramente dejar de ver a un escritor como algo inalcanzable, es decir, tú, como vil mortal, piensas en tu escritor favorito como un ídolo, un dios, pero este tipo de proyectos te permite ver a la literatura como algo cercano, como algo alcanzable, te dan esa oportunidad de ver que es algo que tú puedes llegar a ser”, dice Yesenia.

Parte de lo que ha hecho que este colectivo permanezca, es su modelo autosustentable, donde son los participantes quienes hacen cada sesión. Además, como afirma Lupita Lira, el proyecto se ha ido expandiendo, sin dejar de lado lo que el público pide.
En un principio, el proyecto tenía la finalidad de compartir y explorar el género de la poesía, pensando en sus reglas y en la mejora de quien pasaba a leer; no obstante, hoy en día se busca que cada uno pueda expresarse sin temor a que sus textos cumplan con las técnicas y dogmas de la literatura: “Lo que no queríamos era vacunar a la gente o sembrar el miedo de ‘no soy poeta, eso es para la gente que sabe, que escribe, que investiga o que tiene muy claro cómo se escribe’, lo que empezamos a hacer es que este espacio era para todos, que podías leer lo que estuvieras escribiendo”.
Dice Diego Calderón, mejor conocido como “Rollo”, que en lo que los eruditos decidían qué era arte y qué no, ellos iniciaron Fondo a la Derecha, un colectivo literario para compartir creaciones artísticas.
Con dos eventos realizados en el restaurante Pata de Elefante, este proyecto ha procurado rescatar lo que para muchos es guardar sus textos en una libreta porque no se sienten suficientemente buenos. El nombre, que hace referencia al lugar común de los baños, pretende sacar a la luz esos relatos que la gente no se anima a compartir: “El nombre de Fondo a la Derecha es porque uno cree que lo que hace es una mierda, tenemos todo este discurso más informal para que la gente que no tiene tanto contacto con el mundo de la literatura, comience a acercarse”.
Integrado por Diego Calderón, Pato Madero, Jessica Ramírez, Alexis Sánchez, Pamela Díaz y Naomi Cuevas, este grupo comenzó en febrero de 2019. Con intereses en común, la búsqueda por poder expresarse, antes que el uso de técnicas y formas, inicia con la emoción, con la parte pasional que hace el primer contacto: el proyecto funciona como un acompañamiento, como una primer ventana para entrar al mundo literario.

Sobre su enseñanza, Rollo menciona que la literatura es algo muy humano como para ponerlo en un pedestal y rodearlo de altanería: “Si Van Gogh tuvo tanta repercusión es porque el wey se sentía bien solo en la vida y sus pinturas lo ayudaron a elaborar y salir adelante. El papel que tenemos en el mundo de la literatura y el arte es acercarlo a la población y enseñarle que, por más que tenga un lenguaje muy desarrollado y técnicas específicas, es algo alcanzable, porque todos los seres humanos tenemos esa necesidad de expresión y de comunicación para entender que hay otro al lado de nosotros”.
