La construcción de la identidad de la mujer a través de la escritura femenina

Por Mayra Patricia Dávila. 5 de julio de 2019. Publicado en Kaja Negra.

La mujer habitada, primera novela de la nicaragüense Gioconda Belli, fue publicada en 1988 y es una obra importante de la literatura latinoamericana escrita por mujeres. La novela se sitúa en el siglo XX, en la ciudad ficticia de Faguas en Nicaragua, donde acaece la dictadura del Gran General. En ella se narra la historia de Lavinia Alarcón, una chica privilegiada económicamente que toma consciencia de su posición de clase e inicia una revolución personal.

La hipótesis de este trabajo nace a partir de que la narración de esta novela resalta las características de la mujer en un mundo patriarcal con el propósito de empoderar a las mujeres por medio de la creación de una nueva identidad. En entrevista con Kaosenlared.net, Gioconda Belli afirmó: «Mi literatura no es femenina, es una literatura donde la mujer es protagonista. Mi literatura es la visión del mundo desde la perspectiva de la mujer».

Dicho esto, analizaré la identidad personal y política de la protagonista de Belli a partir de la narrativa de la escritura femenina para indagar cómo la protagonista construye una nueva identidad y cómo se les da voz a los personajes femeninos en una sociedad patriarcal/dictatorial.

Primeramente, es posible analizar la construcción del personaje femenino por medio de la narración, de la écriture fémenine, término acuñado por la teórica francesa Hélène Cixous, que «determina que hoy la escritura es de las mujeres. No es una provocación, significa que: la mujer acepta lo del otro. […] La escritura es, en mí, el paso, entrada, salida, estancia, del otro que soy y no soy, que no sé ser, pero que siento pasar, que me hace vivir», [Cixous, 1995: 48].  Por tanto, esta escritura «[…] presenta esa doble vida y esa relación entre mujeres que buscan la complicidad entre la escritora y las lectoras, en un intercambio de opiniones que pretende la destrucción en el espejo de las proyecciones masculinas e intenta recrear en un lenguaje propio los deseos, sueños y fantasías femeninos», [Meza, 2000: 40) [sic].

Cixous afirma que las mujeres, por medio de la palabra, materializan lo que están pensando; sale desde lo más profundo de la psique. La mujer que habla es enteramente su voz y señala que esta se convierte en un espacio de liberación, de reconocimiento de sí misma y de redefinición, mediante las diferentes formas de representación que asume la pluralidad de las voces literarias femeninas [1995:55].

Es importante mencionar que los escritos femeninos poseen un tratamiento especial del tiempo y la acción; prefieren hacer referencia a la vida, centrándose en lo más íntimo, en lo cotidiano. Por lo que la lengua se convierte en un instrumento de liberación, pues se propone que la mujer creadora al representar a la mujer en la escritura se sale de las imágenes encuadradas de la cultura dominante masculina y la construye desde los bordes. Ello implica un proceso constante de negociación con estas nuevas formas e imágenes de ser mujer, respecto al sistema hegemónico [Matías, 2009: 1].

Dicho esto, y en cuanto al concepto de identidad que se relaciona directamente con la escritura femenina refiero palabras de Marcela Lagarde, quien en su obra dedicada exclusivamente a este tema, la define como:

[…] el conjunto de características sociales, corporales y subjetivas que las caracterizan de manera real y simbólica de acuerdo con la vida vivida. La experiencia particular está determinada por las condiciones de vida que incluyen, además, la perspectiva ideológica a partir de la cual cada mujer tiene consciencia de sí y del mundo, de los límites de su persona y de los límites de su conocimiento, de su sabiduría, y de los confines de su universo. Todos ellos son hechos a partir de los cuales, y en los cuales las mujeres existen, devienen [Lagarde, 1990: 1]. 

Ahora bien, el primer acercamiento y descripción que se tiene de la protagonista de la novela de Belli, Lavinia Alarcón, una chica de veintitrés años, nos sitúa en el contexto de que « […] se levantó temprano para ir a trabajar por primera vez en la vida», [Belli, 2009: 9]; por tanto forma parte del 29.27% de las mujeres asalariadas que se insertaron en el mundo laboral en Nicaragua durante la guerra Sandinista. [1]

Así, en cuanto a las características que constituyen su identidad encontramos: primero; que es una mujer privilegiada que creció en el seno de una familia burguesa y, además, tuvo la oportunidad de estudiar en el extranjero, en la Universidad de Bolonia, Italia; por ende eligió su profesión y estudió arquitectura, una carrera que puede considerarse «de hombres» [2], especialmente en la época en la que vive, en la que predomina el machismo. De modo que, a pesar de ser mujer, comienza a trabajar en Arquitectos Asociados, S.A., una de las firmas de arquitectos más importantes de la ciudad y que tiene cierto estatus.

Se debe enfatizar que, desde este rasgo, es posible percatarse de que su identidad resulta transgresora en el contexto de mujer privilegiada económicamente, desde que era muy joven, su tía Inés a quien consideró más como a su mamá, le aconsejó que si: «Ella quería ser arquitecta […] tenía derecho. Tenía derecho a soñar con ser algo y ser independiente», Belli, 2009: 10].

El segundo rasgo que influye y determina la identidad de la protagonista es el hecho de vivir sola, en la casa que su tía Inés le heredó. Esto redefine el papel de la mujer sumisa que sale de su hogar paterno para casarse, pues Lavinia no tiene una pareja, no depende de nadie económicamente, sino que ella misma abastece sus necesidades. Por lo tanto, es libre en su hogar, de pensar, de sentir lo que desea y autónoma de sí misma.

El tercero, en cuanto a sus relaciones con hombres y a su sexualidad, entabla una relación informal, sin títulos ni etiquetas con Felipe Iturbide. Con respecto a esto, se debe enfatizar en que la mentalidad de Lavinia es mucho más abierta en cuanto al tema del amor romántico [3]: «Quizás algún día le gustaría casarse. Pero no ahora. Casarse era limitarse, someterse. Tenía que aparecer en el camino un hombre muy especial. Y tal vez ni aun así. Se podía vivir juntos. No se requerían papeles para legalizar el amor», [2009: 23]. Así mismo, la protagonista decide no tener hijos, «[…] a decision that calls into question their potential contribution—if framed in terms of the traditional, patriarchal expectations placed on women—to their respective societies and resistance movements», [4]. El amor, el matrimonio no forman parte de las metas a corto plazo de la protagonista, sino que Lavinia vive libremente su sexualidad, su erotismo, sin llegar al compromiso marital.

En cuanto a sus definiciones políticas, inesperadamente Lavinia tiene un primer acercamiento al Movimiento de Liberación Nacional, MLN, [5], pues Felipe lleva a uno de sus compañeros del Movimiento, a casa de esta para ocultarlo porque ha sido herido en una persecución por la Guardia Nacional.

Schuck enfatiza que «[…] la literatura de autoría femenina cumple papeles importantes en el contexto social, presenta una nueva mirada sobre todos los puntos y sobre todos los aspectos sociales», [2008: 3]. Y la autora parafrasea a Adelaida Martínez en su obra Feminismo y literatura en Latinoamérica, que para esta: «La literatura feminista, en cuanto está comprometida a reformar las estructuras del poder político, desempeña una función crítica en la sociedad», [Martínez, 2002: 07]. De modo que, tras este encuentro con el MLN, Lavinia es invitada de manera indirecta a formar parte de la clandestinidad y esta le deja claro que no desea participar, puesto que esto no forma parte de su ideología socio-política. Dicho esto, la protagonista comienza a fungir ese papel importante, que menciona Schuck, en el contexto social; pues crítica su entorno, comprometida a reformar las estructuras de poder y de clase.

Por otro lado, Marcela Lagarde menciona que «a cada mujer la constituye […] las relaciones con las otras mujeres, con los hombres […]», [1990: 2].  Así, Lavinia conoce a Flor, una enfermera que forma parte del MLN y quien influirá en la toma de decisiones de Lavinia con respecto a la política y su acercamiento oficial al Movimiento. Flor y Lavinia entablan una relación basada en la sororidad [6] y reforzada por la clandestinidad, por la inserción de la mujer en la guerra «de hombres».

Por tanto, continuando con estas relaciones, una de las mujeres que motivan a Lavinia mayormente en la narración, es Itzá, una guerrera indígena del siglo XVI que luchaba contra los españoles en La Conquista y esta reencarna en forma de árbol afuera de casa de Lavinia. Itzá le comparte su sangre de guerrera cuando la protagonista toma el jugo de las naranjas que da el árbol, por lo que la mujer indígena vive en Lavinia y conoce lo que siente, lo que vive.

Por consiguiente, la motivación y el interés de Lavinia hacia los temas de guerrilla, revolución y de luchar por sus ideales van creciendo gracias a Itzá, que de una forma u otra intenta abrirle los ojos, que sea consciente de su realidad pero que al mismo tiempo intente cambiarla, no solo mirar sin observar. Es importante mencionar que en la escritura femenina «[…] podemos encontrar narraciones en primera y tercera persona, seguidas también de relatos orales o registros como diarios, cartas, documentos», [Schuck, 2008: 3].  Tal es el caso de Lavinia e Itzá, dado que la historia de la primera está contada en tercera persona, mientras que la de la mujer indígena está en primera persona; así pues, este tipo de narración construye la nueva identidad de la protagonista, le da un mayor impulso a formar parte de las luchas reales y ya no solo de la interna.

A partir de estas relaciones de amistad, se puede retomar a Nelly Richard con la afirmación de que la escritura femenina: «Es una escritura rebelde que violenta los marcos de significación masculina con contenidos frecuentemente referidos al cuerpo, la libido y al goce femenino; y al respeto hacia la heterogeneidad y multiplicidad. Cada palabra intenta desregular el discurso mayoritario y construir la imagen de la mujer autónoma», [Richard, 1994: 133]. Por tanto, Lavinia se inscribe en este discurso y lo expresa tajantemente,  autodenominádonse mujer liberada e independiente.

Marcela Lagarde destaca que la identidad de las mujeres se estructura con nuevas definiciones sociales que se concretan en ellas mismas y en el mundo, aunadas a las concepciones patriarcales, y a otras minoritarias que les plantean exigencias contrapuestas para estar en el mundo [Lagarde, 1990: 7]. Por ello, desde que Lavinia toma consciencia, su rebelión acrecienta, no es una mujer sumisa a los hombres, sino que alza la voz ante las inconformidades; como el momento en el que se enfrenta a su jefe, cuando este no quiere dejarle coordinar el proyecto de la casa que ella diseñó, por el mero hecho de ser mujer.

Lavinia se ha colocado ya en un espacio que era totalmente ajeno a su vida y al de las mujeres, puesto que a estas se les había delegado el papel de esperar en casa al guerrero y no el de luchar directamente. Y, aunque en ocasiones la protagonista titubea o le asalta el miedo, se intenta mantener fuerte y decidida.

De este modo, «la peor transgresión de las mujeres estriba en intervenir activamente en su crisis y, con voluntad, buscar cambios y renovación identitaria. Entonces, se convierte en un peligro político», [Lagarde, 1997: 44]. Tanto así, que la protagonista se convierte en una espía de MLN, puesto que, al coordinar la construcción de la casa del Gran General Vela, comienza a relacionarse con la esposa y hermana de este, y directamente con él. Esto, porque las « […] protagonistas de las novelas de escritura femenina se debaten entre seguir las prescripciones patriarcales sobre la naturaleza femenina o el luchar por la utopía de otra forma de ser mujer con características de autonomía», [Meza, 2000: 40].

Del mismo modo, es posible analizar cómo Lavinia continúa con un pensamiento de liberación femenina con respecto a las relaciones amorosas, en cambio, Felipe, que en un principio concordaba toma actitudes con las que desea oprimir a la mujer dentro de la relación.  Y que solo podrá aceptar el papel de Lavinia como sujeto político y mujer valiente hasta el momento de su muerte. Hélène Cixous afirma que: «Todas las mujeres han vivido esto, lo viven, como yo sigo viviéndolo. Luchamos juntos, sí, pero quién: un hombre, y junto a él, cosa, alguien, una mujer: siempre en su paréntesis, siempre rechazada o anulada en calidad de mujer, tolerada en calidad de no-mujer, ¡aceptada!» [1995: 32]. No obstante, resulta interesante que, aunque fuese en el lecho de muerte, Felipe aceptará la lucha de Lavinia; puesto que en la literatura masculina este reconocimiento nunca sucede, que es lo que Cixous critica; empero, en la escritura femenina es un hecho, puesto que la mujer ya no se convierte en el paréntesis, sino en un ser autónomo.

En este sentido, la mujer es la síntesis histórica de sus determinaciones sociales y culturales, y las mujeres lo son de sus condiciones específicas y concretas. Si la mujer no es un hecho de la naturaleza, los cambios que le ocurren la modifican [Lagarde, 2012: 7]. Así, Lavinia:

Después de tantos meses, tuvo la sensación de haber alcanzado una identidad con la cual arroparse y calentarse. Sin apellido, sin nombre […], sin posesiones, sin nostalgia de tiempos pasados. Sintió que nunca había tenido una noción tan clara del propio valor e importancia, de haber venido al mundo, nacida a la vida para construir y no por un azar caprichoso de espermatozoides y óvulos. Pensó en su existencia como una búsqueda de este momento, [Belli, 2009: 401].

Es este uno de los momentos clímax en la narración con respecto a la identidad de Lavinia, dado que todas las experiencias que obtuvo se concentran en la afirmación de haber alcanzado una identidad clara, en la que ya no se cuestiona su identidad de nacimiento, pues la búsqueda terminó y ha encontrado las respuestas. Por tanto, como afirma la Doctora Mabel Burin: «El sujeto se constituye por el deseo, el hacer, el lenguaje, y por el poder de afirmarse. Los cambios esenciales en la identidad genérica de las mujeres se plasman en mujeres con deseos propios de existencias, de hacer, de poseer, de reconocimiento, de saber, de creación y de fundación, también con los deseos de bienestar y trascendencia», [Burin, 1989].

Por tanto, siguiendo sobre la misma línea, la construcción total de la identidad nueva y reforzada de Lavinia culmina al momento de matar al General Vela, puesto que su rebelión inicia y termina en esa acción, dado que Lagarde mencionaba que a cada mujer la constituye la formación social en que nace, vive y muere, [1990: 1].

En efecto, es posible que el último acto de rebeldía de Lavinia no hizo que la dictadura terminara para siempre en Faguas, en cambio, sí dio la posibilidad de una negociación, puesto que el mediador llevó consigo la propuesta. Y esto se convierte en un acto que trasciende, pues al haber sido ejecutado por una mujer, recalca la importancia de la inserción de personajes femeninos en la literatura, el de mujeres como heroínas que representan un lugar importante en la sociedad.

En conclusión, Lavinia se inscribió en un discurso de mujer liberal y guerrera, que no solo se queda en las palabras sino que se refleja en las acciones, todo esto le permitió encontrarse y construir su identidad sin condiciones por su posición social o por su género. La protagonista entra a la Historia, borra las líneas que separaban a mujeres y hombres en la sociedad dictatorial y patriarcal.

En la escritura femenina sobresale el hecho de reformar las estructuras del poder político, ya que desempeña una función crítica en la sociedad [Martínez, 2002: 07]. De tal modo, cuando Lavinia se integra al Movimiento de Liberación Nacional intenta comprender mejor la situación y los objetivos de los revolucionarios, no obstante, esta reflexión se torna más profunda y es cuando realmente comienza a haber un cambio en la vida de la protagonista, puesto que critica su entorno, y se compromete a reformar las estructuras.

La identidad no es algo fijo e inmutable, sino que se transforma con las experiencias sociales, esto permite el surgimiento de una consciencia [Portal, 2000: 62]. Por tanto, hay una revalidación de la restructuración del ser, que ya no es solo vista de lo personal, lo interior, sino que quienes rodean a la protagonista, confirman su valentía, el cambio en su identidad.

Lavinia se inscribió en un discurso de mujer liberal y guerrera, que no solo se queda en las palabras sino que se refleja en las acciones, todo esto le permitió encontrarse y construir su identidad sin condiciones por su posición social o por su género.

Lavinia se sale de las imágenes enmarcadas de la cultura dominante masculina y comienza a construirse; comienza a hacer frente a los problemas, a rebelarse y revelarse ante ella misma y la sociedad. Del mismo modo se libera de la idea arraigada de ser una mujer burguesa privilegiada, deja a un lado el miedo a la muerte, tanto que termina por sacrificarse por sus compañeros del MLN y por la sociedad para que hubiese un cambio en su realidad.

Por ello, son de suma importancia los personajes femeninos en la literatura y analizar cómo han cambiado, como en este caso, puesto que la protagonista desempeña papeles fuera del estereotipo de mujer, se inserta en la Historia, como mujer que lucha. Por tanto, se les da voz a los personajes femeninos, pero no es una voz que habla, sino que grita, que se manifiesta y que reflexiona sobre su rol. La Lavinia que aparece al principio de la novela es totalmente distinta a la que muere, y en quien corre la sangre de una mujer guerrera, fuerte y libre.

Referencias

  1. Dato sacado del estudio: «La participación económica y política de las mujeres nicaragüenses” de Anna M. Fernández Poncela.
  2. De acuerdo con Raquel Gómez Úbeda en Estudio sobre las Mujeres y la Arquitectura, puesto que «en el campo de la arquitectura, la incorporación de la mujer ha sido un proceso lento y difícil que, aun hoy en día, está vigente puesto que las desigualdades salariales y de asignación de poder en el trabajo siguen existiendo” [2016: 2]. 
  3. Se hace referencia al mito del amor romántico, el cual «[…] se consolida en la dependencia entre hombres y mujeres, encontrando justificación en esa supuesta necesidad de complementación psicológica entre estos», [Pascual, 2016: 66].  Por tanto, estereotipa y da roles a las relaciones, comúnmente, heteropatriarcales.
  4.  Una decisión que cuestiona su potencial contribución—enmarcado en los términos de la tradición, de las expectativas patriarcales impuestas en la mujer—a sus respectivas sociedad y movimientos en resistencia. [La traducción es nuestra].
  5. Movimiento político-social que se oponía a la dictadura del Gran General.
  6. El término sororidad es válido para aludir, en el movimiento feminista, a la relación de solidaridad entre mujeres, [FundéuBBVA].

Bibliografía

Alcocer, R. [2010] Interdisciplinary Studies in Literature and Enviroment 17.4: «The Ghost of La Malinche: Trees and Treason in Gioconda Belli’s La mujer habitada». Oxford University Press.

Belli, G. [2009] La mujer habitada. México, D.F. Editorial Planeta México

Cixous, H. [1995]. La risa de la medusa: Ensayos sobre la escritura. Barcelona, Editorial Anthropos. 

Lagarde, M. [1990]. Identidad femenina. Texto difundido por CIDHAL. Comunicación, Intercambio y Desarrollo Humano en América Latina, A. C., 10. 

Matías, C.M. [2009]. ¿Puede hablarse realmente de una escritura femenina? Espéculo. Revista de estudio literarios, 9.

Meza, C. M. [2000]. La utopía feminista: Quehacer literario de cuatro narradoras mexicanas contemporáneas. Aguascalientes, Aguascalientes: Universidad Autónoma de Aguascalientes.

Moi, T. [2012]. Sexual/Textual Politics. Feminist Literary Theory. New York, NY: Taylor & Francis Group.

Richard, N [1994]. «¿Tiene sexo la escritura? Debate Feminista: crítica y censura». México, año 5, vol, 9, marzo. 

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