Por Alejandra Arévalo. 9 de agosto de 2019. Publicado en Kaja Negra.
Por siglos los hombres han escrito sobre las mujeres. Fuimos sus musas en muchas ocasiones. Nos han dicho qué decir y qué hacer. Han dirigido nuestras vidas, se han quedado con nuestras propiedades y también, algunos, con nuestras obras artísticas.
En La Literatura [así con mayúsculas] los grandes clásicos que representan mujeres son aquellas que terminan con su vida, si le preguntas a un experto Ana Karenina y Madame Bovary son las primeras que vienen a la mente. Así que a simple vista, que un hombre más hable sobre nosotras no debiera extrañarnos, tampoco debiera extrañarnos que incluso cuando queremos hablar de nuestro cuerpo, nuestras historias y las mujeres que admiramos o deberíamos admirar también tengan una opinión.
Este debate sobre qué tanto pueden decir los hombres de nosotras, considerando el historial y la apropiación intelectual, cada vez parece más exagerado de nuestra parte, como si fuésemos injustas ante las exigencias de que nos permitan escribir nuestras propias historias.
Hace unos meses PRH anunció la publicación de un nuevo libro sobre «mujeres invisibilizadas», el autor del libro, orgulloso tuitero, fue criticado por varias lectoras por considerar que hay temas que nos toca tratar a nosotras. Este incidente motivó una fuerte defensa de sus seguidores y de las mujeres que al parecer trabajaron en el libro [pero no salen en la portada]. El debate dejó una pregunta temerosa en el aire: ¿Qué tiene de malo que un hombre escriba sobre mujeres?
En realidad, el libro mencionado no es el hilo negro de los libros que «hacen un tributo» a las mujeres de la historia, este tipo de compilaciones se han hecho desde hace décadas.
Hombres que escriben sobre mujeres pero solo leen hombres
Antes de que el éxito de Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes [2017] iniciara el boom de compilaciones sobre textos de mujeres en cualquier editorial, Steffan Bollman ya había escrito Las mujeres que leen son peligrosas [2005] y Mujeres y libros [2013] que llevaron a este escritor al éxito. En sus libros, aunque no lo parece por el título, también hace compilaciones un poco más trabajadas en breves ensayos sobre escritoras que hicieron historia o que modificaron de alguna manera la forma en que leemos, escribimos y hacemos comunidad. Bollman es una catedrático e investigador alemán que se doctoró con una tesis de Thomas Mann pero desde el éxito sobre su primer libro sobre mujeres y sus historias, Mann quedó en el pasado. Bollman se dio cuenta que lo suyo era escribir sobre escritoras y sus lectoras.
Hay que mencionar también que quizás el éxito de Bollman con lectoras es que, de hecho, en el mundo las mujeres leen más que los hombres. Y no solo leemos más, sino que también lo hacemos por placer. El Centro de Estudios de Promoción de la Lectura infantil y Juvenil tiene un proyecto de investigación llamado: ¿Por qué leen más las mujeres? La variable género en la formación de lectores donde muestra porcentajes respecto a este fenómeno. Y en el 2018, la consultora alemana GFK elaboró una investigación sobre los hábitos de lectura en 17 países europeos y mostró que 32 % de las mujeres leen «todos o la mayoría de los días», algo que solo hacen el 27 % de los hombres.
Por otra parte, en México no dista mucho la diferencia, en la investigación de MOLEC [2019] aunque el porcentaje de lecturas de periódicos es mucho mayor en hombres respecto a mujeres, en libros las mujeres tienen un 44% que lee frente a un 56% que no lee libros. Contrario a los hombres que tiene un 40% frente a un 60%.
Estos datos de por qué las mujeres tienen una inclinación más hacia la literatura que las lecturas «reales» me recuerda un poco a las anotaciones que hace Jane Austen sobre cómo los varones de su época no leían ficción porque lo consideraban «muy femenino».
Además, estos datos me permiten inferir por qué Bollman se convirtió en un bestseller en Alemania: porque le habló a las mujeres. Él mismo lo dice en su libro Mujeres y libros: Las mujeres crearon los primeros círculos de lectura. ¿Por qué no habría de pasar similar en México?
Bollman es entonces un hombre muy listo porque no solo conoce de lo que habla, también conoce su mercado. Sabe que las mujeres queremos leer y sabe además que buscamos identificarnos en lo que leemos. Estamos solas en el mundo, necesitamos leer las historias de otras mujeres que se han sentido igual.
El formato Cuentos de buenas noches para niñas no tan rebeldes
Elena Favilli y Francesca Cavallo se dieron cuenta que los libros para niños y niñas casi no traían personajes femeninos fuertes, por ello se embarcaron en un proyecto que al principio no parecía titánico pero que terminó rebasando las expectativas. Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes [volumen 1 y 2] son colecciones de historias [pobremente escritas, dicho sea de paso] para hablar sobre mujeres que han sido importantes en la historia. Incluye personajes femeninos muy amados y otros no tanto. Pero ya las niñas y los niños tendrán criterio para entender que Margaret Tatcher no es un modelo a seguir.
El proyecto de Favilli y Cavallo mostró que las lectoras eran un nicho a tomar en cuenta. Las más de 30 traducciones del libro demostraron que las lectoras estaban dispuestas a adquirir este tipo de libros en todo el planeta. Las editoriales entendieron que las mujeres estamos consumiendo todo lo que hable de nosotras, de nuestras similitudes, diferencias; de nuestras fortalezas.
Así, gradualmente, hemos visto desfilar muchos libros que compilan mujeres: mujeres en el deporte, mujeres en Perú, mujeres artistas, mujeres científicas. Los autores varían, por ejemplo en Argentina se publicó Ellas en la historia, de Ricardo Lesser [Planeta, 2018] que habla sobre las mujeres que hicieron ese país y que debieran ser mencionadas. En el 2011 Felipe Pigna había publicado Mujeres tenían que ser, Historia de nuestras desobedientes, incorrectas, rebeldes y luchadoras. Desde los orígenes hasta 1930, pero supongo no era suficiente.
¿Por qué los hombres siguen escribiendo sobre mujeres?
Entonces, si no es modelo nuevo, ¿por qué genera escozor que otro hombre escriba sobre las mujeres? Precisamente porque durante décadas los hombres han contado nuestras historias. Cabe decir que a la par existen proyectos de mujeres que buscan localizar mujeres de inspiración que no son tan reconocidas o que no tienen el apoyo editorial merecido. Existen proyectos autónomos, de libre acceso como «Ellas tecleando su historia» o libros que se han pasado de mano a mano sin buscar el éxito o la fama.
Uno de los comentarios más certeros que se hicieron en el debate mencionado al principio de este texto fue que el autor del libro «no escribía el libro por ser hombre sino porque sabía hacer bestsellers». Voalá. Exacto, a eso se dedican muchos autores varones con las historias de mujeres: a vender. A vender un producto que a otras mujeres nos han costado familiares, amigos, trabajos.
Mientras las mujeres que se asumen feministas reciben el odio de muchas personas a su alrededor, los hombres que se convierten en aliados, que buscan «hacer un gesto noble por las mujeres» reciben dinero, éxito y más contratos. Ahora editoriales y autores nos venden un producto que nació del genuino interés de mujeres por conocer más mujeres.
El feminismo incipiente en esa idea ahora es un producto más a manos de un hombre que por más que de aliado se vista, por su forma de reaccionar ante la crítica de feministas, macho se queda. ¿Por qué quiero leer un libro que, aunque habla de mujeres, sigue repitiendo patrones que invisibilizan mujeres? No aparece el nombre de la ilustradora en la portada, tampoco aparece el nombre de quien lo prologa. Será quizás una decisión de editor pero para mí el producto al final queda igual, un libro que le da fama y dinero a un hombre con mujeres que no tuvieron esa oportunidad.
Las editoriales toman decisiones con base en muchas cosas que se reducen a ventas. Es entendible porque el libro también es un producto capitalizable, la reflexión va por otro lado, por qué las decisiones de venta se enfocan en vender de cierto modo y de otro no y por qué no hay un proceso de análisis cuando el libro en cuestión remite a cuestiones que las mujeres por siglos hemos exigido.
Insisto, no se trata de quién lo hace sino por qué lo hace, por qué no hay una reflexión que implique algo más, que implique buscar mujeres que ya lo hacen pero no tienen el mismo nivel de reconocimiento que un tuitero. Decía otro tuit que quizás es porque a las mujeres no nos interesan estos temas. Y eso, es otra vez, una forma de invisibilizarnos. Permitir que se siga esparciendo la idea de que las mujeres no nos organizamos o no nos interesa lo que hacemos. No solo Librosb4tipos, que es uno de miles de proyectos para promover la lectura de obras de mujeres, hay escritoras brillantes que se han lanzado a la investigación, por ejemplo Liliana Pedroza publicó en el 2018 Historia secreta del cuento mexicano, donde recopila las cuentistas que han quedado fuera de la historia de la literatura canónica mexicana. Cien años de historia en un libro que además es gratuito.
Aunque nadie puede crear el entorno de ningún individuo o hablar por éste, también es cierto que no importa quién eres puedes escribir de lo que sea. De verdad, todos pueden escribir sobre lo que sea. Y ese es el caso, por qué alguien querría escribir de temas que a las mujeres nos ha costado sacrificio, tiempo y violencia. ¿Por qué este tema y no otros? Ante los resultados vistos del debate tuitero, mi invitación y mi apertura al diálogo con estos hombres escritores va más bien hacía preguntarles qué los motiva a hablar por nosotras específicamente en temas relacionados al feminismo. Cuál motivación tienen al tomar el micrófono y no pasarlo a la mujer de a lado. Quizá si responden podría entender por qué siguen hablando por nosotras.
